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  SEÑORES DEL PAZO DE PAXARIN Y PRIMERA FÁBRICA DE SALAZON MOAÑESA ::
Retomamos la historia de todas las mujeres que pasaron por el Pazo de Paxarín de Moaña, y que dejaron una huella imborrable en la historia de la sociedad moañesa de los siglos XVIII Y XIX.

Este segundo capítulo recoge la historia de los primeros señores de Paxarín que se convirtieron en industriales, creando la primera fábrica de salazón de Moaña, y la de su hija Serafina, pionera de las mujeres empresarias. moañesas


Estado actual de las casas del Con donde se instauró la primera fábrica de salazón de Moaña a finales del siglo XVIII
(Foto de Luís Chapela Bermúdez)

Don Pedro Benito Rubiños Mariño, nuevo señor del pazo, fue quizás uno de los personajes más importantes de la historia de Moaña, puesto que dio remate a la costumbre imperante en las capas altas de la sociedad de vivir exclusivamente de las rentas de sus tierras y así, un año después de ser el vinculero de Paxarín, en 1.792 compró una pequeña casa terreña,  ruinosa en el barrio del Con, de la feligresía vecina de San Juan de Tirán, junto con su circundado que lindaba por el norte y levante con camino común, por el oeste con tierras de Bartolomé Pombal y por el sur con la ribera del mar.

Haciendo caso a la célula real de Carlos III promulgada en el año 1.783 que pregonaba la dignidad de cualquier profesión, a finales del siglo XVIII mandó construir en ese terreno la primera industria del actual concello de Moaña, la fábrica de salazón del Con que estuvo en activo durante mas de un siglo; de esta manera, D. Pedro Rubiños se convirtió en el primer moañés, empresario de una industria dedicada a conservar el pescado, luego que este fuera salado y prensado con los métodos que trajeran los fomentadores catalanes en 1.756 y con el empleo de mano de obra barata, compuesta en su mayor parte por mujeres que iban descalzas a trabajar y con las que se empleaba por vez primera en el actual concello, el sistema capitalista.


 UNA MUJER DE ORIGEN HUMILDE SEÑORA CONSORTE DEL PAZO DE PAXARIN ::

En los alrededores de este lugar de Rialdarca, nació en 1.781, Dª. Mª. Francisca del Río, esposa del señor de Paxarín, D. Pedro Benito Rubiños

Cuando ya estaba en plena actividad la citada fábrica y podía vivir en el pazo de sus beneficios y de las rentas de su gran patrimonio, a los 46 años y soltero dejó embarazada a una mujer mucho mas joven que él llamada María Francisca del Río, nacida en 1.781 en el barrio de Rialdarca, procedente de una familia labradora pobre.

Aunque no se han encontrado datos sobre su vida, es probable que fuese una de las criadas que le servían en Paxarín; también pudiera tratarse de una de las empleadas de su fábrica de salazón.

En 1.805 vino al mundo en Rialdarca un niño llamado José Benito y según consta en su partida de bautismo: “de padre incognito” ; dos años mas tarde nació una niña a la que bautizaron con el nombre de María Ignacia del Río y también de padre desconocido.

Como este poderoso señor paceño sabía que ambos eran hijos suyos, el 20 de diciembre de 1.808 legaliza una donación a su madre que consistía, según se expresa en el documento de: “una casa alta de Suetano y Sobrado que el mismo Donante mandó hacer en el Lugar de la Seara”, además le regala fincas en Sanchilán, Rialdarca y Trigás que también comprara con anterioridad; las condiciones que le pone a María Francisca para que disfrute de todos esos bienes fueron las siguientes:

Que mientras viva el Otorgante, reserva para si el total Usufructo de la mencionada Casa, y a su muerte habrán de recaer en la expuesta María Francisca del Río para que esta igualmente los usufructe por los días de su vida, conservándose en el estado de Soltera; pero si se casase, en el mismo momento que lo executase, pierda el derecho de esta Donación y recaigan todos los bienes de ella en propiedad y Usufruto en sus dos hijos José Benito y María Ygnacia del Río por iguales partes a fin de que los lleven para siempre jamás, disponiendo de ellos a su voluntad.

Por lo que se lee en este documento, parece que no tenía muchas ganas de casarse con la madre de sus hijos, debido sin duda a la enorme diferencia de clase social que había entre ellos; sin embrago, diez años mas tarde cuando ya los niños tenían 13 y 11 años, lo pensó mejor y rompiendo con las normas hidalgas que solo permitían los casamientos entre personas de la misma categoría en la sociedad, se matrimonió con la citada María Fracisca, 24 años mas joven que él, el día 19 de julio de 1.818 y a continuación la llevó a vivir a su vivienda paceña.

Antes tuvo que dirigirse a la Rectoral para solicitarle al párroco D. Pedro Saavedra de Yebra, con fecha 14 de marzo de ese año, la inserción en el libro de bautizados del reconocimiento explicito como padre de los dos hijos habidos, ante la presencia de varios testigos y del escribano de Cangas D. Manuel Vázquez Pardiñas.

La declaración da comienzo de esta manera:

En esta feligresía de San Martin de Moaña a catorce de Marzo de mil ochocientos dieciocho, se me presentó D. Pedro Benito Rubiños, mi feligrés y de estado soltero, exponiendo que debido a la humana fragilidad convivió por algunos años trato ilicito con Maria Francisca del Rio tambien soltera y de la misma vecindad y de que resultó haver tenido dos hijos ...


Inicio de la rehabilitación de la antigua rectoral de S.Martiño. Imagen de wikipedia
A continuación estos dos niños tomaron los apellidos de sus dos progenitores y ya cuando Dª. María Francisca era la muy querida y respetada señora consorte del pazo de Paxarín, un año después del casamiento nace una nueva hija llamada Serafina Rubiños del Río, contando la madre con 38 años y el padre con cerca de 62.

D. Pedro Benito Rubiños murió de accidente en 1.830 a los 73 años de edad después de hacer testamento para dejar a su mujer como tutora de los bienes que luego habían de heredar sus tres hijos; claro que le pone la condición de que si se casara de segundas nupcias el tutor pasaría a ser un familiar suyo que vivía en Cangas.

Esta primera señora pobre, que llegara a un puesto tan alto en la sociedad moañesa de comienzos del siglo XIX, murió con 68 años en 1.849 poco antes del fallecimiento de su hija soltera, María Ignacia. Por dicho motivo su hijo D. José Benito Rubiños se convirtió en heredero de los bienes vinculados y por lo tanto nuevo señor del pazo de Paxarín; en lo que tiene que ver con la hermana viva, Dª. Serafina, heredó un apreciable patrimonio desvinculado en el que se encontraba la fábrica de salazón.

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