Delmorrazo.com
Conectate al Morrazo
Concellos
Indispensables
Donde ...
Guia

  MUJERES DEL PAZO DE PAXARÍN QUE DEJARON HUELLA ::
Recogemos en cuatro capítulos la historia de todas las mujeres que pasaron por el Pazo de Paxarín de Moaña, y que dejaron una huella imborrable en la historia de la sociedad moañesa de los siglos XVIII Y XIX.

Este primer capítulo abarca desde la vinculación de una casa y granja en 1.613 hasta su conversión en pazo a partir de 1.757


Escudo de los Mariño de Lobera de Darbo instalado en el pazo de Paxarín por Magdalena Mariño.
(Foto de Luís Chapela Bermúdez)
Para referirse con propiedad sobre las mujeres que destacaron en la antigua feligresía de San Martín de Moaña hay que reflejar cual era su papel en una sociedad injusta donde eran valoradas por encima de cualquier otro mérito las procedencias familiares y dentro de ellas, la preponderancia de los hombres sobre las mujeres y de las personas de mayor edad por encima de las mas jóvenes.

Esto acontecía en la sociedad gallega y en la del resto de España que no tenía en cuenta ninguna cualidad femenina que no fuese la belleza física, la honra y la maternidad, hasta que bien entrado el siglo XX el rango de la mujer se fue equiparando, poquito a poco al que ya disfrutaban los varones desde tiempos inmemoriales.

Por esta causa, es difícil encontrar en la documentación que se guarda en los archivos, relacionada con la historia de Moaña a mujeres destacadas por su inteligencia y afán de prosperar, dándose el hecho curioso de que la mayor parte de las damas rastreadas proceden del pazo de Paxarín creado como granja vinculada en 1.613 con el objeto de que las muchas tierras que a él pertenecían permanecieran indivisibles a lo largo del tiempo, teniendo que elegir cada señor paceño cual iba a ser el hijo que las iba a heredar en su integridad, luego de producirse su fallecimiento.


  Magdalena Mariño de Lobera, primera señora del pazo de Paxarín ::

Pazo del Rosal. Imagen de biblioteca pública de Moaña
Este vínculo, igual que sucedía con el otro pazo moañés, el del Rosal, duró cerca de 300 años; no obstante, en este último las esposas de los sucesivos señores paceños eran forasteras y por lo único que sobresalieron la mayoría de ellas fue por dedicarse a engrosar el poder de sus maridos por medio de dotes y de la entrega de vínculos foráneos, conseguidos por fallecimiento de sus hermanos, dando lugar a que en este pazo se acumulase un enorme patrimonio en tierras y casas de las provincias de Pontevedra, Lugo y León.

El tercer centro de poder moañés y sin duda el mas importante de ámbito local, estaba representado por la Casa Rectoral o Pazo de los Abades donde vivían los párrocos de San Martín servidos por tres o cuatro criadas; casi todos ellos eran hijos segundones del señor del Rosal, quien ejercía el patronato sobre la iglesia con el consiguiente derecho de presentación; por esta causa se encargaban de imponer a sus párrocos a través de la jerarquía eclesiástica de Santiago. El hecho de que los sacerdotes no se pudieran casar, dio origen a que salieran del anonimato varias criadas pobres que de esta manera, a través de los testamentos de algunos de ellos aparecen muy beneficiadas.

Las personas del común que representaban la mayor parte de los pobladores de Moaña vivían en casas terreñas en un 75% según el catastro de 1.752, estando las demás formadas por una cocina con suelo de tierra y resto de la vivienda de un piso ubicado encima de la bodega y de algunas cuadras. En ese año, de las 350 casas que había en Moaña, únicamente aparecen como grandes mansiones los citados pazos de Paxarín, Rosal y Abacial (Rectoral).

En cada una de esas casas era el padre de familia el representante del poder, responsable de pagar los impuestos al Estado y a la Iglesia y objeto de contabilización; de esta manera en todos los documentos se numeraban las ciudades, villas y feligresías por el número de vecinos que en ellas habitaban, pues así eran nombrados los padres de familia citados. En el supuesto de muertes prematuras, era la viuda del difunto la que ejercía ese papel ,hasta que alguno de sus hijos se casara y quedase a vivir en la vivienda familiar.

En ese año 1.752, Moaña dependía de la jurisdicción de la villa de Cangas perteneciente en aquel tiempo a la provincia eclesiástica y civil de Santiago y su cargo político era representado por un alcalde pedáneo, acompañado en algunos casos por un regidor. Ambos tenían que dar cuenta al Ayuntamiento de Cangas de los problemas comunes de la feligresía moañesa; normalmente estas autoridades eran elegidas en asambleas vecinales que se convocaban en el atrio bajo de la iglesia de San Martín y solían recaer en labradores mayores de 60 años.

Debido a la muerte de su marido a edad temprana, era Magdalena Mariño de Lobera la verdadera señora del pazo de Paxarín en ese año 1.752; esta mujer de familia hidalga había vivido en Darbo de donde era natural con su marido y en esa feligresía tuvieron dos hijos. Cuando en el año 1.735 había fallecido su suegro el señor de Paxarín, Juan Costas dejando abundantes deudas y ella ya estaba viuda, se trasladó al pazo junto con un escudo familiar que en la actualidad se halla en su fachada oeste. Allí, con la ayuda de su padre y luego ella sola, se dedicó a poner orden en todas las propiedades y rentas, encontrándose en los archivos varios documentos sobre pleitos interpuestos en su nombre a linderos que le usurparan pedazos de terrenos y aguas de riego.

También, como haría cualquier hombre duro en su posición, trató de no pagar contribuciones a la hacienda real debido a su condición de miembro de una familia hidalga; por ello los demás vecinos de Moaña se quejaron delante de los tribunales de justicia, argumentando que era una señora muy rica a la que le sobraba de todo, cuando ellos tenían que enviar a sus hijos mayores a la siega de cereales en Castilla para poder vivir.


Siega de cereales en Castilla. Imagen de wikipedia
Hasta tres criados y otras tantas criadas, atendían a esta señora con sus hijos en el pazo de Paxarín, donde recibían las rentas de los aforamientos de parte de los 220 ferrados de terrenos que poseía (unos 100.000 m2 aproximadamente), 112 de ellos en los alrededores de la casa grande paceña.

El hijo de Dª. Magdalena, D. Pedro Benito Avalle estudió la carrera eclesiástica, llegando a ser vicecura de Moaña, no pudiendo ascender a párroco porque ese puesto estaba reservado para los hijos segundos del señor del pazo del Rosal, que como fue reflejado, imponían a sus clérigos a través del derecho de presentación que ostentaban.

En ese cargo, y sustituyendo al párroco, firmó en 1.763 con un maestro de obras del Hío, llamado Esteban de Sobreira el contrato de alargamiento de la iglesia de San Martín, empleando dinero de un emigrante del barrio del Casal, llamado Lorenzo de Paredes, que se hiciera inmensamente rico en el actual estado de Colombia, donde murió soltero.

Poco antes, en 1.757 cuando este sacerdote ya era señor de Paxarín, por fallecimiento de su madre, mandó derribar la antigua casa grande para construir el hermoso pazo que se ve en la actualidad. A partir del remate de la obra, en los encabezados de los documentos que se encuentran en los archivos, aparecen sus dueños como señores del pazo.

Su única hermana Baltasara Mariño (llevaba de primer apellido el de su madre) se casó con un personaje muy importante de la feligresía de Poulo, en el actual concello de Ordes, llamado D. Antonio Rubiños quien, de seguido vino a vivir con ella a Paxarín donde ejerció de notario y en el pazo nacieron sus 8 hijos, 4 mujeres y 4 varones. Tres de ellos estudiaron la carrera eclesiástica y el 4º emigró a América; en lo que tiene que ver con las damas, solo una se casó, la llamada Rita que lo hizo con un hidalgo viudo del vecino barrio de Outeiro de la Iglesia, llamado D. Ignacio Broullón; las demás murieron solteras en el pazo pues en ese tiempo les era muy difícil encontrar un marido de su misma categoría social, ya que los hijos segundos de los señores paceños, en su casi totalidad se hacían sacerdotes y por lo tanto las únicas relaciones que se les encuentran a algunos de ellos eran con las criadas que estaban a su servicio, todas ellas de familias pobres. Sin embargo dos de ellas tuvieron un hijo natural.

D. Pedro Benito le dejó el patrimonio de Paxarín a su sobrino, también sacerdote, D. Simón Rubiños, con la obligación de que amparase en el propio pazo a sus hermanas solteras, pero este hombre, que también llegó a ser vicecura de Moaña, falleció en el año 1.791 con 34 años de edad. Teniendo en cuenta que su hermano mayor, D. Ramón ya era párroco de una feligresía cercana a Poulo y el menor se encontraba en América, el vínculo lo heredó el otro hermano, D. Pedro Benito Rubiños, cura de ordenes menores, quien de seguido abandonó los hábitos eclesiásticos para dedicarse a los negocios, comprando nuevos terrenos con los que llegó a poseer mas de 370 ferrados (alrededor de 175.000 m2), cerca del doble de las posesiones vinculadas.

La vida de este personaje, uno de los más importantes de la historia de Moaña y de su singular esposa serán motivos del siguiente capítulo.

Autor do texto: Manuel Uxío García Barreiro
Mayo de 2011

Volver a TRIBUNA LIBRE >>

    Añade delmorrazo.com a favoritos   Añadir a favoritos         delmorrazo.com como página de inicio    Página de inicio           Imprimir esta web    Imprimir
       Agrega tu enlace a delmorrazo.com      Agregar link        Sobre la edición de este sitio    Edición        Contacta con nosotros    Contacta
delmorrazo.com © Todos los derechos reservados