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  DON SANTOS PEREIRA FIGUEROA. ÚLTIMO MAESTRO DE LA ISLA DE ONS ::

Foto de grupo de los escolares de la isla de Ons
 

La idea de esta pequeña recopilación de recuerdos vividos en la Isla de Ons surge después de ver un programa de televisión. Volver a ver y reconocer los paisajes y a las personas tan queridas, me han animado a hacer un pequeño resumen del tiempo vivido en la escuela de esta querida Isla.

Para ello me voy a remontar a 1973, después de una estancia de tres años de maestro en los Andes colombianos. Al llegar a Pontevedra le hablaron de una vacante en la escuela de la Isla de Ons y de lo bien que le iba a venir a su espíritu inquieto la tranquilidad de esta isla, y no se equivocaron los que así pensaban. A Don Santos el aislamiento, la soledad, los vecinos de la isla y el mar fueron un bálsamo para su espíritu viajero.

En aquellos años, la Isla de ONS presentaba una serie de características muy propias que la hacían única y especial, debido a su situación geográfica, su peculiar orografía y su única comunicación: el barco. Este escenario difería bastante de otros pueblos periféricos. Sus única fuente de ingresos en los primeros años de la década de los 70 era la pesca y una economía agraria se subsistencia, o autoconsumo. Todos los vecinos tenían su huerta en la que no faltaba ni la verdura para el caldo, ni la ensalada en temporada y menos aún, el socorrido maíz, sembrado y mezclado con las enormes calabazas y las habichuelas, ni las patatas abonadas con las algas del mar.

Don Santos fue un maestro con un fuerte compromiso con su tiempo y la sociedad del momento, compromiso al que nunca renunció, ni cuando fue maestro en una misión de Colombia, ni en los distintos colegios españoles en los que ha prestado su servicio.

En 1975, llevó a su joven y bella esposa Isabel, a la isla, construyendo un verdadero hogar que en pocos años se llenó de niños.

En la isla conoció a los niños más increíbles que uno pueda imaginar. Siempre recordará la inteligencia de Manolo “Perrenco” y su trágico fin. No olvida a Camilo, a los varios Manoliños, y “Pepiños”; los Arturos. La disponibilidad de “Pilita” para arreglar a sus hermanos, poniéndoles bien los pantalones o bajándoles las mangas de los jerséis, o la generosidad y nobleza “Pin”, siempre dispuesto con todo lo relacionad con la pesca – porque ya de pequeño era ante todo marinero-. Y así podría enumerar a todos los niños de la escuela, desde la “Cotuna”o su hermana Luisa, a Zulema, “Toriña”, Pepita, Emilia, José María, o Rosa, pasando por las gemelas de “Chin”. Mª Carmen, Olguita, “Chefa”, Berta, Víctor, Emilio, Alberto.


Manolo perrenco

El día a día de Don Santos en la escuela de ONS, al ser unitaria destacaba por la diversidad de materias y su implicación en la vida de la pequeña comunidad. La convivencia estaba marcada por el escaso número de alumnos y gracias a este hecho el conocimiento que se tenía de ellos y de sus familias era muy profundo; esto facilitaba el trabajo en el aula. Otra consecuencia de esta realidad era que la escuela era integradora; aquí todos los niños y niñas eran aceptados y necesarios para realizar el aprendizaje.

Dentro de la organización del aula, el agrupamiento del alumnado era flexible, primero por necesidad y también por las ventajas que aportaba en cuanto a metodologías innovadoras. Los agrupamientos se hacían por niveles, en función del tipo de actividad o del aprendizaje a adquirir. Así, un alumno podía incorporarse durante un periodo de tiempo en un contenido a un nivel inferior o superior al de su edad sin que se produjera una ruptura de la organización interna de la clase. Esto facilitaba que cada alumno mantuviera su propio ritmo de trabajo y aprendizaje


  EL GRAN PROBLEMA EN LA ESCUELA DE ONS: LA FALTA DE MEDIOS ::

Don Santos debía abarcar todas y cada una de las disciplinas de cada curso.

Era muy importante como programar y ordenar los contenidos, que es una de las dificultades que encuentran los maestros a la hora de desarrollar su labor pedagógica, ya que un solo profesor tiene que enseñar a niños de distintas edades y niveles en una misma aula.

Un problema al que se enfrentaban los pequeños estudiantes de la isla era los escasos medios con los que contaba el centro. En muchas ocasiones, los escolares se encontraban discriminados respecto a los que habitaban en Bueu o Portonovo y que disponían en sus colegios, además del material y los medios pedagógicos para desarrollar su educación, de otras instalaciones para ejercitar otras actividades culturales o deportivas.

Otra nota de identidad era cómo se aprovechaba el contexto social y natural como eje motivador de aprendizaje. Cualquier excusa servía para propiciar la curiosidad y el interés de los alumnos y alumnas.

A los os niños de Ons les gustaba ir a la escuela, pero no olvidaban sus obligaciones. En época de siembra había un abandono general de las aulas. Su cometido era espantar a los cuervos para que no picaran el grano y en cuanto podían volvían a la escuela, pero sus ojos siempre estaban mirando al mar, no se perdían una baja marea ni un buen día de calma si así podían ayudar a sus padres y ganar algún dinero. Asimismo hasta alcanzar la edad reglamentaria cuando se podían enrolar en cualquier barco, generalmente de la isla. Las niñas, las obligaciones las tenían con el hogar. Al abandonar la escuela, por lo general se casaban y se ocupaban de la familia y no desaprovechaban la marea para mariscar lo que podían y cuando no estaban en el mar estaban cortando tojo o en el campo.

Las condiciones del edificio escolar y las viviendas de los maestros eran buenas, si bien sufrían de abandono por parte de la administración. El mobiliario de la escuela era escaso y en invierno los niños tenían que llevar leña para encender el fuego y poder calentarse o secar la ropa mojada que llevaban.

La vivienda de los profesores era de excelente calidad, y tenía los saneamientos imprescindible, pero la larga ausencia de profesores debida a su excesiva movilidad y el aislamiento del lugar daba lugar al destrozo de puertas y ventanas y a la entrada de extraños a los edificios. De todas formas, los maestros y el Sacerdote tenían unas ventajas que no disfrutaban el resto de los habitantes de la isla, que era tener agua corriente y cuartos de baño, con pila en el patio para lavar la ropa, mientras que los vecinos tenían que lavarla en los lavaderos públicos y coger el agua de las fuentes.

En marzo de 1977 nacieron los dos primeros hijos del maestro. Los gemelos Santos y Saúl y justo a las dos semanas viajaron a la isla por primera vez en el barco de Cesáreo “El TACHO” (con fuerte temporal). En noviembre de 1978 nacería María y en abril de 1980 Raquel. La vida de Don Santos en Ons – aunque no lo parezca- era de lo más ajetreada que uno pueda imaginar: por las mañanas, antes de las nueve que entraba en la escuela, si estaba la marea baja se iba a coger miñocas, o buscar algún conejo para la comida.

En la isla no había casa que no tuviera gallinas, patos, ovejas y cabras. Las reinas de los cortellos eran las vacas, alimentadas con especial esmero, en su dieta no se escatimaba el maíz, las patatas, las calabazas y el excelente pasto de los prados. Cuando desembarcaban en el muelle llegaban escuálidas, y en poco tiempo resplandecía. Con los años las vacas fueron abandonando el paisaje isleño.

Los primeros años de estancia en la isla el único medio de salida o entrada era el barco de “Pancho” y cuando este no venía cualquier barco estaba dispuesto a llevarte a tierra o devolverte a la isla.


Salida a tierra

En los años 80 era habitual todos los veranos la llegada de los hidroaviones para apagar los incendios.

La vida de Don Santos en la isla se dividía entre la escuela, la familia, la pesca y los vecinos. Él ponía las inyecciones a los enfermos. Cogía su moto e iba con su termómetro a controlar la temperatura de los que no estaban bien. Siempre había en su casa algún analgésico para un dolor de cabeza. Hizo de tabernero algún invierno cuando “Checho” tenía que ir a Tierra y también se quedaba encargado del motor de la luz que de doce a una de la madrugada nos dejaba a oscuras.

Por las tardes después de las cinco y los fines de semana, si el tiempo y el mar lo permitían se iba a pescar con la dorna, o con la caña al Castillo o al muelle.

En el curso escolar de 1978-1979- se cerró la escuela de la Isla por falta de niños. Aunque el despoblamiento de la isla se había iniciado en las décadas anteriores, al llegar a los 80 adquiere tintes que llegan a ser dramáticos, quedando en la escuela cinco niños cuyas familias ya tenían previsto marchar a Bueu o Portonovo.
A don Santos le fue adjudicada una plaza de maestro en el colegio de Mondaríz y ese mismo año solicitó dar clases de recuperación en la isla el verano siguiente y de la que tuvo la debida autorización.

El creciente interés turístico por la isla comenzó a mediados de los 70, llegando a su punto álgido a finales de los 80. En ese turismo había de todo: grupos de jóvenes que se iban derechos a Mellide; campamentos evangélicos que ocupaban la entonces llamada casa del médico y posteriormente las escuelas, y un amplio grupo de familias que venían con sus hijos de acampada o estaban hospedados. Todos los niños de la isla y los veraneantes podían acudir al centro, unos jugaban y otros tenían sus clases de recuperación

La administración de la isla en los primeros años de Don santos, dependía del Instituto Nacional de Colonización, que años antes había elaborado un informe de la situación real de la población y la urgente necesidad, entre otras, de construir un puerto adecuado para la nueva flota pesquera que los isleños iban adquiriendo y no tenían puerto seguro para protegerlos. Se construyeron el “Centro Cívico” (que todos estos años estuvo casi cerrado), la Iglesia, sacristía y casa para el sacerdote, éste ya se había marchado y sólo venía en contadas ocasiones. La Iglesia sólo se abría en las fiestas de agosto, y en estos 17 o 18 años sólo hubo tres entierros) – Mejor así-. Vivienda del médico, (que nunca vino). Grandes almacenes, (Sólo se guardaba el motor y el gasóleo de este) viviendas de maestro y maestra, (ya había comenzado la emigración, con una casa y una escuela era suficiente).

Lo más importante para los habitantes de la isla era el puerto que no se realizó
Cuando IRYDA en 1975 se hizo cargo de la isla los problemas del muelle pasaron de largo, mientras que los vecinos pasaban todos los días con los carros de mano cargados con sus enseres camino de Bueu y Portonovo.

En 1979 el ICONA se estableció en el Centro Cívico. Su prioridad eran los pájaros, dándoles más importancia a estos que a los habitantes de la isla. Seguían los vecinos con los carros de mano cargados de muebles y animales de corral hacia el muelle y la despoblación se hacía más patente, pero no abandonaron sus casas en la isla y en verano con los mares más en calma volvían a sus viviendas recobrando la isla su antigua población, sin llegar nunca a casi los 500 habitantes de los años 50.
Años más tarde se paso a la Consellería de Agricultura que creyó conveniente adecuar la casa del maestro para la Guardia Civil. Y posteriormente pasó la administración a la actual Consellería de Medio Ambiente.
Como vemos en un corto periodo de tiempo la Isla de Ons a pasado por muchas administraciones, pero los problemas reales de la propiedad de las casas, las tierras y el ansiado puerto todavía no le ha llegado su momento.

En nuestro recuerdo siempre estarán Joseiño, Truman, Checho, los Pepes, “O Pequeno”, Quiano, Edelmiro, los Arturos, Manuel, Cesáreo Chin, Francisco, Emilio, Benito, O Faxardo” los Manolos, José Luis, Javier, los Josés, Juan, “El Terco”, los Antonios, Ramiro, los Pepiños, Candiño, Revoredo, Avelino, “El Pardelo”, los Camilos y todos los que quedan.
Siempre recordaremos a la señora María de Joseiño y su gran pena. Las tardes inagotables con Margarita, el chocolate con Gloria y Ascensión. La amabilidad de las señoras Dolores, de Elvira y Lola. Las tardes de bordado con Carmen “Revoredo. La dulzura de Aurita, Lucía y Palmira. La fuerza de Josefa, Victoria y Esther. A Eugenia, las Marías, Sara, Isolina, Regina, Sarita y Estrella, Carmen “Ex viuda” y las Chefas.


Para todos y todas y los que faltan:
Muchos abrazos.

 

Autor del texto: Don Santos Pereira Figueroa
Publicado en Abril de 2012

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