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  DESDE ALDAN A BUENOS AIRES ::
Esta es la historia de María Elvira Villar, mujer nacida en Aldan en el año 1930.

Tras emigrar a Argentina, guarda maravillosos recuerdos de su Aldán natal, aquella aldea humilde y hermosa a la orillita del mar , según sus propias palabras, en la que vino a nacer hace 78 años .

Allá por el año 1933 su padre emigró a la Argentina en busca de un futuro mejor, dejando atrás a su familia. La guerra civil impidió que volvieran a encontrarse nuevamente hasta pasados 16 años. Es la historia de tantos emigrantes gallegos, contada de primera mano por su protagonista.


  LA GUERRA DEL 36 Y LA PENURIA DEL RACIONAMIENTO ::
Somos 5 hermanos, un papá marinero y una mamá jornalera, ella hacia la red de los barcos de pesca, ganaba 8 reales por día y con eso pagaba un alquiler y trataba de darnos de comer lo que podía. Cuando yo tenía 3 años mi papá se vino a la Argentina, en España quedaba la familia. Venia buscando un futuro mejor, se vino con su madre con la idea de poder después traernos a todos, pero hasta que esto se hizo realidad pasaron 16 años. La que nos crió fue mamá y nos enseñó a quererlo a pesar de la distancia que nos separaba.Ella siempre nos decía que papá era muy bueno y que nos quería mucho, pero la guerra lo había separado de nosotros.

Lo único que tenía mamá era salud, dos brazos para trabajar y coraje para enfrentar la vida con 4 bebes y una confianza tan grande en Dios que no la iba a abandonar y no la abandonó.Nunca vi una persona con tanto coraje para luchar por sus hijos, cuando después de 16 años vinimos a la Argentina a conocer a nuestro papá, mamá con los ojos llenos de lágrimas le dijo: “aquí te entrego a nuestros hijos, tal vez muertos de hambre pero sanos y con ganas de trabajar”.

A los 3 años de estar mi papá en Argentina, en España estallaba la guerra. Ya no se sabía nada, no había cartas ni noticias de nadie. Así fuimos creciendo con mamá y con la miseria, había que sobrevivir.

Después de la guerra estábamos racionados, teníamos una cartilla donde cada semana nos daban arroz, azúcar, harina y aceite 100 gramos por persona. Como nosotros éramos 5, juntábamos ½ kilo de cada cosa y a veces vendíamos el azúcar para comprar otras cosas más necesarias como la leche o el pan. Mamá decía “sin aceite podemos pasar” y entonces se lo vendíamos al que lo podía comprar o lo cambiábamos por otras cosas.

Fue una época muy fea, yo tenía mucho miedo a la guardia civil. Ellos venían por las casas a cualquier hora y entraban a registrar todo porque buscaban “escapados”. Yo cuando los escuchaba corría a esconderme abajo de la cama. Cuando me veían ahí me decían “no hay que dormir debajo de la cama, hay que dormir arriba” yo les tenía terror. Muchas veces soñaba de noche que venían los aviones a matarme.


María Elvira Villar de niña
No había gas ni cocinas, había que juntar palitos en el monte para hacer fuego ...

Me estoy acordando de cosas que me quedan atrás, todo lo que hacíamos para sobrevivir cuando éramos chicos. Cerca de la casa de mi madrina había una fábrica de jabón que tenía un caño que salía a la calle y los pobres íbamos con espumaderas a juntar la espuma que salía por el caño y no nos peleábamos, hacíamos una fila y juntábamos una espumadera por vez y empezábamos de nuevo. Los hombres que trabajaban ahí, dejaban pasar algún pedacito de jabón mezclado con la espuma y eso lo cocinábamos y hacíamos jabón para lavar.

No había gas ni cocinas, había que juntar palitos en el monte para hacer fuego y eso también era la luz. Todo lo comíamos asado porque el aceite era para el que tenía plata, por eso se asaban las papas, los pescados, los choclos, también se hacían tramperas para cazar mirlos que también se comían.

En mi caso que vivía cerca de la playa, íbamos a juntar mariscos. Había que mojarse pero podíamos comer. Por el monte juntábamos frutas silvestres, castañas, avellanas peruchos que eran como unas peritas en miniatura, todo servía para comer, pedazos de pan mordidos por las ratas, todo era bueno para sobrevivir.

Mi hermano tenía 8 años cuando empezó a ir a la mar con el abuelo materno, así le daban el pescado. Lavaba el barco, ayudaba en lo que podía y así también aprendía.


Grupo de marineros. Aldan años 40
Había que trabajar para comer, pero cuando el barco llegaba al muelle, si traía algo ya estaba la guardia civil y le sacaban todo.

Decían: “ Esto es para el frente, para los soldados ” y el abuelo les decía: Tengo muchos nietos, sus papás están todos en el frente ¿ Quien alimentará a mis nietos que son muchos ?

Ellos le contestaban: “ Ese no es mi problema, hacemos lo que nos mandan ” y se iban con todo.

Todo lo que hoy estoy viviendo me trae recuerdos de mi infancia, con la diferencia que aquí no hay ninguna guerra por suerte, si hubiera algo grave moriríamos como moscas, la gente esta mal enseñada, sin ofender a nadie.

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